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Category Archives: DETECCION DE MENTIRAS

 

HERNAN ALEJANDRO CASTRO CASTRO, MD.

 

 

Es claro que mentir no es un sentimiento, sino el resultado de un complejo proceso mental que ocurre en milisegundos a nivel cerebral. El mentir y mas que mentir, las consecuencias reales o potenciales de ser descubierto, originan una serie de reacciones emocionales y físicas que de poder ser detectadas, constituyen las bases de los sistemas y técnicas usados para la detección de mentiras.

 

Desde los tiempos de la antigua china, existe evidencia de las pruebas que se realizaban con el fin de determinar quienes decían la verdad y quienes no, por ejemplo, hace 3.000 años los chinos decidían sobre la honestidad del testigo haciéndolo masticar polvos de arroz, para posteriormente escupirlos. Si el polvo de arroz estaba seco quedaba probado que el testigo había mentido; si por el contrario lo escupía húmedo, se daba por hecho que había dicho la verdad. Mientras que los Israelitas sometían al sospechoso al “Llamado Juicio de Dios”. El testigo debía tocar una barra de hierro al rojo vivo con la punta de la lengua, si se quemaba era prueba de que estaba mintiendo; si por el contrario aparecía sin daño, probaba su sinceridad. En la base de todos los procedimientos estaba la misma idea, cuando un testigo mentía, el miedo a ser descubierto provocaba que las glándulas salívales redujeran su actividad. Estas mismas premisas son usadas hoy en día utilizando tecnologías modernas que dejan al descubierto la activación del sistema nervioso autónomo (SNA) como consecuencia de la sensación de culpa o temor originada al mentir.

 

La historia nos permitió ver el desarrollo de unas técnicas no menos crueles, pero aparentemente más efectivas de “estimular” el testimonio verídico y que fueron ampliamente usadas a través de las guerras: la utilización de fármacos que buscaban sobrepasar la capacidad de ocultar la mentira y que se conocen ampliamente como “Sueros de la verdad”. De ellos el más utilizado fue el pentotal sòdico que en dosis inferiores a las utilizadas actualmente por los anestesiólogos, lograba su propósito.

 

Gran parte de los estudios y testimonios logrados con estas medicaciones fueron ampliamente descalificados, puesto que, no contaban con la aprobación del “paciente” y además en muchos casos se presentan reacciones alucinatorias que impedían evaluar la “veracidad” de la información suministrada.

 

“!Todos hemos mentido alguna vez!”,”!Todos alguna vez hemos querido saber si nos han mentido!”, constituyen los principios básicos que durante siglos han estimulado el estudio y desarrollo en el campo de la “Detección de mentiras” o “Verificación de la Verdad”.

 

Desde 1917 cuando fue inventado el polígrafo por William Marston, la ciencia, se ha concentrado en documentar la activación del sistema nervioso autónomo (SNA) relacionada con la aplicación de pruebas “guilty-knowledge” (“Conocimiento-Culpa”), mediante sistemas objetivos de análisis que nos permitan saber a ciencia cierta quien dice la verdad y quien no.

 

Los críticos de los sistemas vigentes de “detección de mentiras”, sostienen que estas técnicas no evalúan en realidad el testimonio del interrogado, sino su sistema nervioso autónomo y traen a colación casos que dieron la vuelta al mundo, tratando de demostrar que todos estos sistemas son vulnerables y pueden ser fácilmente engañados como en los celebres casos de pruebas poligráficas realizadas en los espías Aldrich Ames and Robert Hanssen.

 

Otras personas han dedicado en forma ciega sus esfuerzos, en demostrar torpemente que cierta técnica, procedimiento o test, se constituye como la mejor alternativa en el campo de la detección de mentiras, desconociendo el desarrollo y ventajas de sistemas combinados de evaluación. Gracias a este afán comercial de encontrar o desarrollar el detector infalible, hemos visto aparecer múltiples publicaciones sensacionalistas anunciando el teléfono de la verdad, las gafas de la verdad, la cámara de la verdad o el mejor aparato para la detección de mentiras. Como la historia nos lo ha enseñado en otros campos, es muy probable que nuevas técnicas y desarrollos en el campo medico, criminalìstico y psicológico, sean en ultimas quienes de forma conjunta, permitan desarrollar el famoso “DETECTOR IDEAL DE MENTIRAS”.

 

La búsqueda del sistema perfecto de detección, ha desarrollado el concepto del “DETECTOR IDEAL DE MENTIRAS” que reúne las siguientes características:

 

Resultados 100% confiables

Resultados 100% reproducibles

Resultados Inalterables

Resultados en tiempo real

Fácil implementación

Análisis veloz

Bajo costo

 

Esta búsqueda ha motivado los estudios más interesantes de podamos imaginarnos. La Doctora O`Sullivan de Sacramento California, por años ha venido estudiando el campo de la detección de mentiras, en especial lo relacionado con la “malicia indígena” que nos permite saber cuando una persona miente. El estudio mas amplio realizado hasta el momento, incluyó a mas de 2000 personas, dejando al descubierto lo que la mayoría de nosotros consideramos el signo mas frecuente de mentira: “Desviar la mirada”. Desafortunadamente, esta característica, no se correlaciona muy bien con el hecho de estar mintiendo.

 

Las investigaciones, además aportaron preocupantes estadísticas que demuestran el mal “sentido del olfato” que tenemos los humanos en general, para detectar mentiras. En videos que contenían testimonios tanto verídicos como falsos, la población estudiada, fue capaz de detectar los casos falsos, solo un 55% de las veces, lo que constituye para los amantes de las matemáticas y probabilidades, un chance ligeramente mayor a lanzar una moneda al aire y apostarle a la cara o al sello.

 

Estos mismos estudios evidencian algo también curioso: Solo un 0.1% de las personas goza de la capacidad innata de detectar bajo diferentes circunstancias y en diferentes personas quien dice la verdad y quien no. Dichos sujetos han sido sometidos a estudios adicionales buscando determinar cuales son esos parámetros que les permiten identificar inequívocamente a los mentirosos, revelando una extraordinaria capacidad de observación de cambios sutiles en expresiones corporales, cadencia y tono de la voz, pero que desafortunadamente tampoco pueden ser generalizados ni aplicados indiscriminadamente a todas las personas observadas.

 

Otros estudios se han enfocado en evaluar los resultados de un entrenamiento para la detección de mentiras a partir de cambios en el comportamiento del individuo o análisis de sus reacciones, evidenciando un aumento de la capacidad “detectora” a un 70% de los casos analizados. Algunas instituciones, en particular las relacionadas con los servicios de Seguridad y Vigilancia de los Estados Unidos han sido quienes mejor califican en las pruebas de detección de mentiras y se ha sugerido que esta mayor habilidad estaría relacionada con el entrenamiento recibido.

 

La necesidad del ser humano de demostrar mediante números, graficas o imágenes la presencia de mentiras, ha estimulado el desarrollo de sistemas de “medición de las mentiras”. Erróneamente muchas de las personas con las que he tenido oportunidad de charlar del tema, siempre se concentran en ver una demostración. Generalmente me retan a que los interrogue con una o dos preguntas casuales. Esta misma curiosidad se ve reflejada en instituciones privadas y públicas para quienes una demostración “podría o no vender el servicio”. Muchas de las compañías que ofrecen servicios de detección de mentiras se han dejado enredar en este juego, que en últimas desacredita todo un proceso de investigación, elaboración de cuestionarios, evaluación de las circunstancias, entrevistas preliminares, adecuaciones de escenario, entre otros que durante años han sido componentes necesarios para garantizar la adecuada realización de las “pruebas”.

 

Sin el deseo de entrar en amplias divagaciones o revisiones bibliográficas de los diferentes sistemas detectores de mentiras, me limitaré a realizar una presentación de ellos con una breve explicación sobre su funcionamiento y posibles usos.

 

La evaluación objetiva de la respuesta del SNA ante una situación de estrés, es posible realizarla gracias a diferentes sistemas, dentro de los cuales es mas conocido es el polígrafo. La prueba de poligrafía ampliamente realizada, consiste en la medición de varios parámetros biométricos que se modifican ante la presencia de neurotransmisores liberados en el torrente sanguíneo como consecuencia de una percepción de amenaza. Además de su uso en el campo de la detección de mentiras, es un elemento ampliamente utilizado en medicina en laboratorios de investigación fisiológica y en pruebas diagnosticas de disfunciones eléctricas cardiacas y neuronales.

 

Dada la evaluación simultanea de múltiples patrones biométricos como presión, respiración, sudoración, tono muscular y ondas cerebrales que reciben influencia no solo del SNA sino también de enfermedades sistémicas, sustancias y medicaciones, es muy importante contar con la asistencia de un poligrafísta con amplia experiencia, que este en capacidad de analizar en conjunto las mediciones obtenidas. Es por esto que existen asociaciones y escuelas debidamente acreditadas que certifican la adecuada capacitación en la implementación de la prueba con el fin de obtener resultados confiables.

 

El sistema de análisis tónico de la voz o VSA por sus siglas en ingles, consiste en el análisis de la voz en la búsqueda de micro vibraciones originadas en las cuerdas vocales como consecuencia de la estimulación de sistema nervioso autónomo que las inerva. Sus desarrolladores argumentan una mayor velocidad en la implementación y obtención de resultados, además de constituirse como valiosa herramienta en la detección “remota” de mentiras a través de la vía telefónica. El sistema viene siendo usado por más de 2000 dependencias judiciales estadounidenses, compañías de seguros, universidades y departamentos policiales. Además ha sido utilizado en investigaciones médicas relacionadas con la detección de ansiedad como mecanismo de seguimiento en el tratamiento de patologías siquiátricas. La implementación de esta técnica, requiere un particular cuidado en el diseño de los cuestionarios, teniendo en cuenta las técnicas recomendadas de interrogación con el fin de asegurar una buena calidad en la entrevista. Al igual que con las pruebas de poligrafía y en general cualquier técnica que involucre el desarrollo de interrogatorios, es recomendable contar con la presencia de un profesional en el campo de la evaluación del comportamiento y la salud mental, como es el caso de un psicólogo o un psiquiatra.

 

Aunque en Colombia no tengo noticia de su presencia, existen además sistemas que han sido probados en los Estados Unidos para la detección ultrarrápida de mentiras como el uso de imágenes térmicas de alta definición – HDTI (high-definition thermal-imaging). Este sistema permite evidenciar el enrojecimiento facial momentáneo que ocurre en un individuo segundos antes de mentir. La técnica de HDTI fue desarrollada para identificar el rostro de personas y sus rasgos que podrían están encubiertos por cicatrices o disfraces, y se ha propuesto como una medida de seguridad en aeropuertos. Aunque la técnica arrojó resultados positivos, con una confiabilidad del 80%, sus detractores sostienen que no distingue entre un individuo ansioso de uno mentiroso y al igual que con todas las otras técnicas es objeto de intensos debates.

 

Los críticos de los sistemas basados en la evaluación de estrés mediante la medición de parámetros de activación del SNA, han estimulado el desarrollo de otras técnicas que dependan menos de la evaluación indirecta del stress y se concentren en ubicar los centros de la mentira a nivel cerebral. Es así como se ha venido estudiando el cerebro con técnicas como el Brain fingerprinting (mi traducción mas aproximada seria “Identificación Cerebral”). El principio de funcionamiento de esta técnica, consiste en exponer a una persona a “algo” que se encuentra almacenado en su memoria y esperar que el cerebro emita una respuesta eléctrica conocida como onda p300. Esta onda ocurre aproximadamente 300 milisegundos después de un estimulo y la “p” resalta el hecho de que se trata de una onda son polaridad positiva. La onda es registrada por electrodos adheridos en la zona parietal cero ubicada en la parte superior de la cara posterior de la cabeza. Los resultados han sido prometedores con valores superiores al 99% en las pruebas realizadas, desafortunadamente con la onda p300 sucede un paradigma aun no resuelto: la onda se genera ante la presencia de estímulos con gran significancia para el sujeto, así como ante la presencia de estímulos infrecuentes, por lo que sus críticos afirman que lo único que la onda p300 detecta es la presencia de actividad de la memoria.

 

Estudios mas especializados de imageneologia cerebral, mediante técnicas de resonancia magnética nuclear (MRI por su sigla en ingles), han sido realizados por el Doctor Langleben, quien sostiene haber encontrado la parte del cerebro que se activa cuando una persona miente de forma voluntaria. La zona se encuentra en la corteza cingulada anterior. Este descubrimiento podría ser alentador en la búsqueda del detector infalible, pero diferentes especialistas expertos en fisiología cerebral, afirman que por su alto costo y en especial por que esta zona del cerebro esta relacionada con el proceso de conflicto y no con la determinación acerca de algo, este método podría ser origen a falsos resultados.

 

Como ha sido bien definido en los estudios en el campo de la detección de mentiras, existen además factores de confusión que deben ser tenidos en cuenta a la hora de evaluar los resultados de las pruebas: el sentimiento de culpa y el estrés por asociación. El primero de ellos esta relacionado con la incomodidad moral originada al sentirse participe del hecho, aun sin haber tenido una participación voluntaria. El ejemplo mas claro es el sentimiento de culpa de los padres cuando su hijo se estrella o pierde el año o sufre un embarazo no planeado. El estrés por asociación se origina al realizar preguntas cuyas respuestas a pesar de ser ciertas, por su connotación son percibidas por el sujeto como algo estresante o amezador. Como ejemplo, cito la incomodidad que sienten las mujeres al ser cuestionadas cobre su edad y en especial si pasan de los 40 y peor aun si están solteras y sin hijos.

 

Algunas conclusiones que me gustaría compartir con ustedes sobre el estudio de la detección de mentiras son:

 

No existe la famosa “Nariz de Pinocho” que nos permita saber cuando alguien miente.

Son contadas las personas con la “suficiente malicia indígena” que puedan ser considerados detectores infalibles.

Desconozco estudios que hayan evaluado los resultados en la detección de mentiras, de la combinación de un entrenamiento en la detección “natural” de mentiras y la utilización de herramientas objetivas de medición de activación del SNA.

Existen grandes variaciones de persona a persona, que nos impiden crear un perfil generalizable y menos aun un manual de detección de mentiras por características corporales.

Es muy probable que nuestra generación no alcance a conocer el “Detector Ideal”, por lo cual debemos estimular los esfuerzos por conocer más sobre los que ya tenemos.

Necesitamos estudios que evalúen los resultados de la implementación de detección de mentiras en nuestra población y su impacto en los índices de criminalidad, inseguridad y terrorismo entre otros. Además seria muy útil evaluar otros indicadores indirectos de bienestar social derivado de la implementación de una cultura de la verdad.

Colombia más que cualquier otro país, necesita centros de investigación en el campo de la detección de mentiras. La investigación debe evaluar de forma separada y conjunta cada una de los procesos y técnicas actuales, así como promover el desarrollo de nuevas técnicas y tecnologías.

Con el fin de garantizar la tranquilidad y mejorar la ya creciente sensación de seguridad nacional y personal, es necesario impulsar la implementación no solo de sistemas de detección de mentiras, sino fortalecer otras formas de verificación de la información, como: análisis especializado de hojas de vida, consulta en bases de datos estatales y privadas, registros biométricos por huella o iris que eviten la suplantación y otras medidas que aseguren la integridad de las personas encargadas de proveer la seguridad privada a los Colombianos

 

Lecturas recomendadas:

 

Bond, C., et al. A world of deception. (unpublished manuscript—submitted to Journal of Cross-Cultural Psychology, but not yet accepted.)

Ekman, P., and M. O’Sullivan. 1991. Who can catch a liar? American Psychologist 46(September):913-920. Available athttp://www.paulekman.com/pdfs/who_can_catch_a_liar.pdf.

Mann, S., A. Vrij, and R. Bull. 2004. Detecting true lies: Police officers’ ability to detect suspects’ lies. Journal of Applied Psychology 89(February):137-149. Abstract.

Mann, S., A. Vrij, and R. Bull. 2002. Suspects, lies, and videotape: An analysis of authentic high-stake liars. Law and Human Behavior 26(June):365-376. Abstract available at http://dx.doi.org/10.1023/A:1015332606792.

Park, H.S., T.R. Levine, et al. 2002. How people really detect lies. Communication Monographs 69(June):144.

Vrij, A. In press. Why professionals fail to catch liars and how they can improve. Legal and Criminological Psychology.

Vrij, A., et al. 2004. Rapid Judgments in assessing verbal and nonverbal cues: Their potential for deception researchers and lie detection. Applied Cognitive Psychology18(April):283-296. Abstract available at http://www3.interscience.wiley.com/cgi-bin/abstract/107639963/ABSTRACT.

DePaulo, B.M., and W.L. Morris. In press. Discerning lies from truths: Behavioral cues to deception and the indirect pathway of intuition.

In Deception Detection in Forensic Contexts, Granhag, P.A., and L. Stromwall, eds. Cambridge: Cambridge University Press.

Ekman, P. 1997. Lying and deception. In Memory for Everyday and Emotional Events, Stein, N.L., P.A. Ornstein, B. Tversky, and C. Brainerd, eds. Mahway, New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates. Available at http://wwwpaulekman.com/pdfs/lying_and_deception.pdf.

Ekman, P. 1996. Why don’t we catch liars? Social Research 63(Fall):801-807. Available at http://www.paulekman.com/pdfs/why_do_not_we_catch_liars.pdf.

Frank, M.G., and P. Ekman. 1997. The ability to detect deceit generalizes across different types of high-stake lies. Journal of Personality and Social Psychology72(June):1429-1439. Available at http://www.paulekman.com/pdfs/ability_to_detect_deceit.pdf.

Levine, T.R., and S.A. McCornack. 2001. Behavioral adaptation, confidence, and heuristic-based explanations of the probing effect. Human Communication Research27(October):471-502. Abstract available at http://hcr.oupjournals.org/cgi/content/abstract/27/4/471.

Levine, T.R., et al. 2000. Norms, expectations, and deception: A norm violation model of veracity judgment. Communication Monographs 67(June):123-137.

Levine, T.R., H.S. Park, and S.A. McCornack. 1999. Accuracy in detecting truths and lies: Documenting the “veracity effect.” Communication Monographs 66(June):125.

Vrij, A. In press. Guidelines to catch a liar. In Deception Detection in Forensic Contexts, Granhag, P.A., and L. Stromwall, eds. Cambridge: Cambridge University Press.


Angela C. Tapias Saldaña

 

Un proceso judicial sin pruebas es como una máquina sin energía, aunque sepamos cual es la verdad ello no es suficiente porque se hace necesario demostrarlo, tal vez estemos seguros de que una persona es una víctima y eso debería ser suficiente para que ella fuera protegida por el Estado y pudiera impulsar toda la acción del aparato judicial, pero tenemos que evidenciar que hubo un delito, sustentar que hay una persona afectada en sus bienes jurídicos, justificar que hay una víctima a través de alguno de los medios probatorios previstos por el estatuto procesal penal entre los que se encuentra el peritaje.

 

El peritaje debe ser practicado de manera imparcial, lo que aparentemente contradice el título de este documento, pero al comprender que independientemente de si se dictamina sobre el sujeto activo o pasivo del delito, es decir, independiente de si se es evaluado por un psicólogo forense desde el estado de posible víctima o agresor y al margen de las creencias o actitud personales del perito; es un procedimiento que se realiza para descubrir la verdad y si ello sucede siempre se estará haciendo justicia y favoreciendo a la víctima, es decir, a quien haya padecido el delito o a quien sea inculpando injustamente. Estos dos elementos el de establecer la verdad y hacer justicia son parte de la triada que propone Sampedro (2.001) para que podamos vivir felices y con dignidad, de manera que el psicólogo forense ejerce un papel fundamental en la construcción social.

 

Según este planteamiento el peritaje psicológico es un procedimiento matizado con responsabilidad social para auxiliar a las víctimas (porque todo delito causa varias víctimas según Beristain 2.001) y uno auxiliar de la justicia; la norma indica que puede ser realizado desde el ámbito oficial art.249 CPP no oficial o privado Art.250 CPP, aunque tradicionalmente los profesionales del Derecho han recurrido al Instituto oficial encargado, tal vez por la percepción de mayor respaldo institucional o por el desconocimiento de que existen otros peritos tanto o más confiables que los oficiales o por el pequeño índice de profesionales capacitados en el área o por la poca difusión del peritaje psicológico como una práctica privada, como sea es una necesidad incrementar desde todas las disciplinas el uso de este medio probatorio.

 

A continuación deseo presentar anecdóticamente casos en los cuales resulta evidente y relevante esta intervención profesional, como es la frecuente situación de niños (as) abusados sexualmente que no presentan evidencia física del delito, ya sea porque fueron abusados por medio de caricias o de exhibición del abusador o porque ha pasado demasiado tiempo al momento de denunciar y de presentarse a la práctica del examen sexológico medico-legal, en estos casos es destacable el papel del testimonio del niño y el dictamen pericial del psicólogo de la credibilidad de su relato. Una de las razones para dudar del testimonio que rinde el (la) niño(a) ante autoridad competente es la creencia popular de que los niños son mentirosos, actúan y hablan de acuerdo con su fantasía, son sugestionables etc, argumentos todos que han sido estudiados científicamente y llegan a la conclusión de que los niños son testigos competentes, que el profesional que reciba su declaración debe capacitarse en específicas técnicas de entrevista, que existen estrategias forenses para evaluarlos y para emitir un dictamen sobre la credibilidad de sus contenidos. Todos estos conocimientos pueden asesorar decisiones judiciales en casos de abuso sexual infantil si se recurre a ellos.

 

Al caso que me refiero en particular es un tanto grotesco, por lo cual pido excusas al lector, se trata de un niño que informó haber sido abusado y el defensor del imputado argumentó mitomanía infantil, razón por la cual solicitó un peritaje psicológico. Durante la evaluación forense el niño informó que el señor X “lo molestaba” y que le había metido “el pipi” en la boca y se había “orinado”. A su declaración añadió detalles del lugar, de la interacción, reprodujo conversaciones entre ambos, interrupciones inesperadas y otros más aspectos que coinciden con los criterios de realidad establecidos por la técnica de Análisis de Contenido Basado en Criterios Steller y Koenhken ( sf )que es una técnica de evaluación psicológica forense que se utiliza con frecuencia en varios países, pero que aún no ha sido validada (estudiada psicométricamente) ni aplicada con población colombiana, según conocimiento de la autora, razón por la cual esta adelantando investigaciones académicas al respecto.

 

Otra circunstancia que se debería asociar indefectiblemente con el peritaje psicológico es la presencia o presunción de lesiones cerebrales, ya que hay que establecer con precisión el diagnóstico, el pronóstico, la causa y el abordaje medico-legal de estas patologías. Para realizar este diagnóstico Sierra, Jiménez y Bunce (2.001) sugieren recurrir siempre al uso de pruebas neuropsicológicas que permitan identificar los déficits con exactitud. Recurriendo a la fuerza de lo narrativo enunciaré el caso de un joven que tras un trauma craneoencefálico como consecuencia de un accidente de tránsito padeció un trastorno poco evidente y no diagnosticado del control de los impulsos, trastorno que lo llevó a cometer un homicidio y que después de cumplir con las medidas de protección impuestas por ser menor de edad, regresa acudiendo a la justicia para ser evaluado y así justificar que el sistema de seguridad social le brinde el tratamiento que requiere. Con una evaluación neuropsicológica forense se habría podido establecer el diagnóstico a tiempo y justificar el tratamiento neurológico? Se habría podido evitar el homicidio? Por qué el joven tiene que suplicar se le brinde un tratamiento? No es apenas un deber de los profesionales de la administración de la justicia aportar todos los conocimientos de la ciencia para evitar dramas como este?

 

El peritaje psicológico también encuentra justificación cuando se trata de establecer las perturbaciones psicológicas (Art.115 CP) posteriores a situaciones violentas, por ejemplo el vigilante de un Banco que desencadena una agorafobia (temor a los espacios abiertos) tras presenciar un hurto violento en el que se cometió homicidio y haber padecido el ser amenazado, golpeado y apuntado con un arma de fuego durante varias horas. La psicopatología es apenas comprensible y obviamente le incapacita para desempeñarse laboralmente razón por la cual el sistema de riesgos profesionales y/o el de seguridad social le debe algunos beneficios protectores y parciales, ya que el perito también debe informar que es una psicopatología que se supera con tratamiento, de manera que no se requiere una indemnización o pensión para toda la vida. Aportar estas informaciones adicionales tiene implicaciones éticas y de justicia por parte del psicólogo forense.

 

Otras situaciones victimizantes como las de violencia intrafamiliar ameritan la intervención del peritaje psicológico, por ejemplo cuando el padre de familia ejerce violencia conyugal y maltrato infantil y es denunciado en una oportunidad en la cual no existen evidencias medico-legales del abuso, entonces se puede recurrir a la evaluación psicológica para establecer el perfil de las víctimas, según Echeburúa y Corral (1.998) es muy probable que la mujer presente estrés postraumático, que tenga altos índices de ansiedad y depresión, además de bajos índices de autoestima y de funcionamiento global. A través de este peritaje se puede dictaminar con bajísimo margen de error que esta padeciendo violencia intrafamiliar y dar paso a las medidas de protección o judiciales elegidas con consentimiento de la víctima y asesoradas por la pericia del psicólogo forense.

 

Pero hay que aclarar que no solo cuando se evalúa a las víctimas se les puede auxiliar, también el adecuado dictamen psicológico forense de los transgresores puede ser una manera de proteger a las víctimas o de prevenir situaciones victimizantes con otras personas; lo que sucede cuando se evalúa a un homicida sexual serial del que se presume es psicópata (que es diferente del psicótico, del antisocial, del sociópata y del trastorno antisocial de la personalidad) según los criterios de Hare (1.999) a través del PCL-R que es otra estrategia de la evaluación psicológica forense. Si en la evaluación se confirma el diagnóstico de psicopatía se debe informar que este cuadro diagnóstico no tiene correlación con la inimputabilidad y que la medida recomendada es de máxima seguridad en el tratamiento penitenciario, debido a que los tratamientos psicológicos existentes no muestran eficacia. Esta intervención pericial solo podría realizarla un psicólogo forense debidamente capacitado y actualizado con el conocimiento mundial y redundaría en el bienestar de las víctimas y de la sociedad en general.

 

Y para finalizar escribo una nota especificando que el peritaje psicológico se interesa por personas que no necesariamente son víctimas de delitos, pero que en todo caso pueden ser personas desprotegidas que requieren de apoyo estatal como en los procesos de Interdicciones, que son procesos civiles fundamentados con frecuencia en la existencia de un trastorno mental que incapacita a la persona a ejercer sus derechos y sus deberes. Es decir, la evaluación psicológica forense trasciende el ámbito penal y puede incursionar en el Derecho Civil, el de Familia, el Administrativo, el Disciplinario, el Militar, etc. Y para que se haga una realidad cada vez más frecuente que las víctimas sean apoyadas por este medio probatorio se requiere que los profesionales de la Psicología y del Derecho den a conocer sus aportes.

REFERENCIAS

 

Beristain, A. (2.001) Algo mejor que la desacralización de la pena kantiana (protagonismo de las víctimas) En Universitas Diciembre de 2.001 (102) 9-16.

Colombia. Código Penal. Ley 599 de 2000. Legis Editores S.A.

Colombia. Código de Procedimiento Penal. Ley 600 de 2.000. Legis Editores S.A.

Echeburúa, E.; Corral, Paz de (1.998) Manual de violencia familiar. España: Siglo XXI

Hare, R. (1.999) La naturaleza de los psicópatas: algunas observaciones para entender la violencia depredadora humana.Trabajo presentado en la Carta reunión internacional sobre biología y sociología de la violencia. Psicópatas y asesinos en serie. Centro Reina Sofía para el Estudio de la violencia. Valencia 15-16 de Noviembre de 1.999.

Sampedro, J.A. (2.001) La memoria de las víctimas: un instrumento en la superación del terrorismo. En Universitas Diciembre de 2.001 (102) 17-27.

Sierra, J.; Jiménez, E. y Bunce, D. (2.001) Técnicas de evaluación en psicología jurídica y forense. Documento elaborado para el Máster Internacional en Psicología Forense. Universidad de Granada.

 

Steller, M.; Koehnken, G. (sf) Análisis de declaraciones basado en criterios. En Raskin, D. (1.994) Métodos psicológicos en la Investigación y pruebas criminales. Bilbao: DDB.

Indice

Qué es la psicología jurídica?
Angela C. Tapias Saldaña

Psicología jurídica latinoamericana
Fernando Díaz Colorado

Fundamentos de derecho para psicólogos
Gerardo A. Hernández M

La psicologia jurídica y la victimología
Fernando Díaz Colorado, Carolina Gutiérrez de Piñeres B

Psicología forense
Ps. Angela C. Tapias Saldaña

Penitenciarismo y aspectos psicosociales
Miryam Rivas Pérez, Alexis Ortiz Rodríguez, Luis Lugo Madriz

Descripción del rol asignado, asumido y posible del Psicólogo Jurídico en el contexto penitenciario
Paola Bustos Bemitez

Mecanismos alternativos para resolver conflictos judiciales
Miryam Rivas Pérez, Luis Lugo

Psicologia jurídica civil – aplicabilidade no direito de família
Denise Maria Perissini Da Silva

La psicología forense ante el abuso sexual
Angela Tapias Saldaña

Peritaje psicológico forense en casos de inimputabilidad
Carolina Gutiérrez De Piñeres

Estafas/estafadores. Su indagación en el vínculo social
Gustavo Vaquera

Una aproximación a los fenómenos de serialidad criminal
Luis Alberto Disanto

Algunas reflexiones sobre la concepción Ética en Psicología Forense
Osvaldo Varela, Angela Tapias

Autores

Angela Cristina Tapias Saldaña. Colombia.
Psicóloga Universidad Nacional de Colombia. Especialista en Peritaje Psicológico. Magíster en Psicología Forense. Directora de la Asociación Colombiana y de la Asociación Latinoamericana de Psicología Jurídica y Forense. Directora de la Especialización en Psicología Jurídica y fundadora de la Maestría en Psicología Jurídica en la Universidad Santo Tomás. Experiencia judicial en instituciones como el GAULA, la Fiscalía General de la Nación, la Defensoría del Pueblo y el INPEC. Investigadora académica, escritora y conferencista internacional. Correo electrónico: angela@psicologiajuridica.org

Carolina Gutiérrez de Piñeres Botero. Colombia
Psicologa. Especialista en Psicología Jurídica. Docente Universitaria de pregrado y posgrado . Directora del Diplomado en Psicología Forense Universidad Cooperativa de Colombia. Representante de la Asociación Colombiana de Psicología Jurídica y Forense en Bogotá. Correo electrónico: carolinagdep@yahoo.com

Fernando Díaz Colorado. Colombia
Psicólogo, Especializado en Administración Pública, en Derecho Penal y Ciencias Forenses, en Seguridad Privada y Magíster en Filosofía Latinoamericana. Profesor de la Pontificia Universidad Javeriana. Miembro de la Sociedad Mundial de Victimología. Correo electrónico:ferdicol@gmail.com

Gerardo A. Hernández M. Colombia.
Psicólogo y abogado, Magíster en Derecho Penal y Criminología. Docente e investigador Universitario. Psicoterapeuta y asesor jurídico. Magistrado del comité deontológico del Colegio Colombiano de Psicólogos. Correo electrónico: psicoger@gmail.com

Paola Bustos Bemitez. Colombia.
Psicologa Juridica de la Universidad Santo Tomas de Colombia. Trabajó durante 5 años en diferentes Establecimientos de Reclusión del pais. Actual asesora de la Subdirección de Tratamiento y Desarrollo del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario – INPEC, Miembro Fundador de la Unidad de Piscologia Juridica del Colegio Colombiano de Psicologos y actual Directora de Comunicaciones de la División de Psicologia Juridica del Colegio Colombiano de Psicologos.paobus55@gmail.com

Miryam Rivas Pérez. Venezuela.
Psicóloga, Abogada, Magíster Scientiarum en Análisis Experimental de la Conducta, Especialista en Derecho del Trabajo, Magíster Scientiarum en Derecho del Trabajo, Profesora del Departamento de Psicología Clínica de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, Profesora de las Cátedras de Psicología Jurídica I y II, Secretaria Ejecutiva de la Asociación Venezolana de Psicología Judicial. Correo electrónico: miryamrivas@yahoo.com

Luis Lugo Madriz. Venezuela.
Psicólogo, Abogado, Ex -Juez, Especialista en Derecho Privado, en Derecho Procesal Civil, en Ciencias Penales y Criminológicas, Magíster Scientiarium en Derecho Mercantil, Profesor de la Escuela de Psicología de la Universidad Central de Venezuela, Profesor de las Cátedras de Psicología Jurídica I y II, Presidente de la Asociación Venezolana de Psicología Judicial.

Denise Maria Perissini Da Silva. Brasil.
PSICOLOGIA JURÍDICA NO BRASIL Psicóloga clínica, assistente técnica jurídica, mediadora familiar e bacharel em Direito, cursando Especialização em Rorschach, e com futura habilitação em LIBRAS (Linguagem Brasileira de Sinais). Psicóloga jurídica, atuando como assistente técnica. Mediadora familiar. Correo electrónico: deniseperissini@gmail.com

Gustavo Vaquera. Argentina.
Licenciado en Psicología. Especialización en Psicología Clínica. Doctorando en Psicología. Psicólogo Clínico. Docente Universitario.Psicólogo penólogo. Autor de los tres libros: El Sujeto Transgresor de la Ley, Clinica Psicoanalitica con Homosexuales y Estafa y Subjetividad. Correo electrónico: gvaquera@gmail.com

Osvaldo H. Varela. Argentina
Licenciado en Psicología, Especialista y Licenciado en Criminología, Especialista en Psicología Clínica, Doctor en Ciencias Penales y Profesor Universitario de Psicología. Actualmente es Doctorando del Doctorado en Psicología Social. Psicólogo, por más de 10 años en el Servicio Penitenciario Federal, y como Director de establecimientos de menores en conflicto con la ley penal. También es Períto Psicólogo de Oficio, inscripto en las listas de los Juzgados de la Nación y Pcia. de Buenos Aires. Profesor Titular Regular, asesor en materias específicas del área Justicia. Autor de profusa bibliografía en temáticas de la especialidad, a publicado varios libros y artículos en revistas especializadas con y sin referato. Actualmente es el Secretario Científico de la Asociación Iberoamericana de Psicología Jurídica, durante el período 2003/2005, y se desempeña como Secretario del Consejo Directivo de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Correo electrónico: varela@psi.uba.ar

Alexis Ortiz Rodríguez. Venezuela.
Abogado. Profesor del Instituto Universitario de Policía de Venezuela

Luis Alberto Disanto. Argentina.
Licenciado en Psicología (Universidad de Buenos Aires), Psicoanalista, Psicologo Forense, Especialista en Investigación Científica del Delito (Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina), Docente e investigador universitario, Ha dictado cursos y seminarios en: Universidad de Buenos Aires, Universidad de Córdoba, Universidad Complutense de Madrid, Universidad de La Habana, Universidad Nacional de La Plata, Instituto Universitario de la Policia Federal y otras instituciones. Ha participado en jornadas y congresos en: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, España, Francia e Italia. Consultor de División Homicidios de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Policía Judicial de la Provincia de Córdoba y Gendarmería Nacional. Supervisor clínico e institucional en diversas instituciones de salud mental y toxicomanías Miembro de Psicoanálisis <> Investigación, Coordinador docente de los seminarios: – “Asesinos seriales, fenómeno de la posmodrnidad ó superación del sujeto racional?” – “Psicoanálisis <> Criminología” -”La escena del crimen como un texto”, Docente en la Carrera de Especialización en Psicología Forense, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires Correo electrónico: luisalbertodisanto@yahoo.com.ar

 

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Ps. Angela C. Tapias Saldaña.

Especialista Peritaje Psicología Jurídica.

Cuándo un indagado o un testigo están diciendo la verdad?

Este ha sido uno de los requerimientos más frecuentes del Derecho hacia la Psicología, en otros aspectos el Derecho puede mostrarse reticente a aceptar la ayuda de la Psicología, pero ante un aspecto crucial y plenamente humano resulta atraído por el conocimiento de esta disciplina. A esto se suma el mito de que los psicólogos tenemos estrategias mágicas para conocer en profundidad a las personas, cuando lo que realmente se ha hecho es una observación sistemática que permitió identificar indicadores conductuales, lingüísticos y fisiológicos de la verdad. A estas estrategias es a la que se dedica la presente digresión.

Se hará una descripción crítica de métodos como el Polígrafo, comúnmente denominado detector de mentiras, de la Hipnosis, del Análisis de Contenido Basado en Criterios, de los Indicadores Conductuales de la Mentira, del Análisis del Estrés de la voz y de las Entrevistas asistidas con drogas.

POLÍGRAFO

El polígrafo es un instrumento de medición de respuestas fisiológicas, pulso y respiración comúnmente, pero puede incluir otro tipo de respuestas del Sistema Nervioso central como la respuesta galvánica de la piel, la tensión arterial. etc. Se basa en el principio de que el hecho de mentir genera una mayor activación autónoma central que no se aprecia a simple vista, sino que se mide a través de instrumentos adecuados, que se utilizan mientras se le formula un cuestionario verbal de preguntas de si o no.

La aplicación de esta prueba requiere el establecimiento de una línea de base, es decir, de la medición de las respuestas fisiológicas ante preguntas neutras, así se establece cual es el nivel típico de reacción de la persona y los resultados de elevación de la activación se realizarán intraindividualmente (del evaluado en comparación consigo mismo cuando esta tranquilo). De esta manera se superan las críticas con respecto a sujetos ansiosos que por su neurobiología presentarán respuestas elevadas y serán clasificados como mentirosos, este procedimiento eleva la validez de la técnica porque aplica un procedimiento justo de no comparación respecto a las respuestas de otros, sino contra las respuestas de si mismo.

Esta técnica ha sido conocida en el mundo entero, aunque no se utiliza en Europa, si se aplica ampliamente en algunos Estados de EEUU y ha sido utilizada por organismos del Estado en Colombia, aunque no ha sido instaurada formalmente como una estrategia para la investigación judicial.

Por supuesto es una estrategia que también ha tenido sus detractores fundamentados en la realidad de personas que pueden falsear los resultados (psicópatas o personas entrenadas), es decir, no es una técnica infalible y además es costosa a nivel técnico y humano.

Previendo algunas de estas dificultades y en interés de salvaguardar sus beneficios, aproximadamente la mitad de los Estados de la potencia del norte han normatizado el uso del polígrafo (debe ser aceptada por todas las partes del proceso, la admisibilidad de los resultados esta sometida a discreción del juez, entrenamiento del profesional, condiciones de administración de la prueba, posibilidades de error). Morris (sf) en Raskin (1.994)

La recomendación para Colombia sería utilizarlo con una baja frecuencia, en casos especiales como un elemento indicador, no como la panacea de la tecnología biomédica.

LA HIPNOSIS

Consiste en una técnica de sugestión que lleva al hipnotizado a estados de relajación que se acompañan de un menor autocontrol y favorecen elicitar los recuerdos. El hecho de que las técnicas de relajación elevan la capacidad de rememoración es reconocido por las culturas orientales, asiáticas y occidentales, en nuestro meridiano se ha conocido como una técnica derivada del psicoanálisis y se ha explicado como un adormecimiento del superego y del yo y por ello una burla de los filtros psicológicos que impiden el recuerdo.

Al parecer es una estrategia que se ha utilizado más con víctimas y testigos que con sindicados, lo cual señala una de sus debilidades. A esto se agrega que no todos los sujetos son susceptibles de ser hipnotizados, porque esto depende del nivel de sugestionabilidad de cada sujeto, es decir, su capacidad para ser hipnotizado.

Otra de las críticas que ha recibido es que es una estrategia que favorece la sugestión y así puede inducir información post-suceso deliberada o involuntarimente, todo lo cual va en detrimento de la preservación de la prueba y de la cadena de custodia. Esta información inducida posteriormente puede ayudar a que se comentan injusticias, más que a descubrir la verdad como lo evidencia Loftus en su artículo sobre recuerdos reprimidos.

En Estados Unidos se ha reglamentado su uso y admisibilidad en ciertos estados así por ejemplo se ha determinado que la declaración previa a la hipnosis se debe preservar en un video, al igual que deben ser gravadas las sesiones de hipnosis para su posterior análisis crítico, que la sesión se debe realizar por un psicólogo o psiquiatra con experiencia, que debe ser un profesional independiente, durante el examen solo deben estar presente el sujeto y el hipnotizador. Morris (sf) citado por Raskin (1.994)

A mi modo de ver esta estrategia presenta mayores debilidades que otras y creo que pueden usarse métodos alternativos mayormente “objetivos” para favorecer el recuerdo como las estrategias mnemotécnicas, la relajación, la entrevista cognoscitiva, etc.

ANÁLISIS DE CONTENIDO BASADO EN CRITERIOS

Implica el análisis del relato de los hechos posterior a la entrevista con base en la presencia o ausencia de 19 indicadores de realidad propuestos por Steller y Kohenken (1.994) (estructura lógica, elaboración inestructurada, cantidad de detalles, engranaje contextual, descripción de interacciones, reproducción de conversaciones, complicaciones inesperadas, detalles inusuales, detalles superfluos, incomprensión de detalles relatados con precisión, asociaciones externas relacionadas, relatos del estado mental subjetivo, atribución del estado mental del autor del delito, correcciones espontáneas, admisión de falta de memoria, dudar del propio testimonio, autodesaprobación, perdón al autor del delito, detalles característicos de la ofensa). Es una estrategia que nació en Alemania hacia 1.950 y que se ha utilizado específicamente para evaluar la veracidad del testimonio de niños abusados sexualmente. Existe documentación de que esta técnica se utiliza en países de diversas culturas (Canadá, Japón, España entre otros) lo cual indica su posibilidad de aplicación transcultural, también existen varios estudios de validez que confirman su eficacia; no obstante existen también informes de sus dificultades como por ejemplo que solo se puede aplicar a niños abusados, que se cree que existe subjetividad en la calificación del forense en cada uno de los criterios debido a la falta o imposibilidad de operacionalización de cada uno de los criterios, la dificultad de diferenciación entre un criterio y otro, la ponderación diferencial de los criterios, ya que unos tiene mayor peso que otros y psicométricamente no se ha establecido dicha transformación de los puntajes. Esta técnica no ha sido validada para población colombiana por lo cual se justifica el hecho de no utilizarla.

INDICADORES CONDUCTUALES DE LA MENTIRA

Consiste en la observación de aspectos no verbales y verbales (debido a que el contenido verbal es más rico en información para saber si una persona esta mintiendo) de la conducta de una persona que pueden indicar que está mintiendo, es común entre los abogados y policías la creencia de ciertas conductas acompañan la de mentir, pero las investigaciones indican que los estereotipos sobre la conducta engañosa son inválidos.

Eugenio Garrido y Massip (2.001) enuncian indicadores de la perspectiva de Zuckerman, DePaulo y Rosenthal como elevación de la activaciónfiltración de emociones que se acompaña de un distanciamiento del emisor con su discurso (referencias grupales “nosotros” en vez de “yo”, respuestas evasivas, evitación del contacto ocular y distanciamiento interpersonal), sobrecarga congnoscitiva o gran demanda de recursos cognoscitivos durante el engaño (acompañada por aumento en la latencia de respuesta, dilatación pupilar, disminución de contacto ocular), control de la conducta generando poca espontaneidad y discrepancias (inhibición conductual extrema en los canales de respuesta que tenemos control y aumento de conductas no-controlables).

Garrido y Massip (2.001) señalan también la perspectiva de Buller y Burgoon (1.998) sobre la mentira como comunicación estratégica para manipular la verdad para dar la impresión de decir la verdad (poca variedad léxica, pocas afirmaciones tajantes, pocas referencias a experiencias propias y al pasado) y para proteger la imagen personal (asentir, sonreír), además de filtraciones no estratégicas con manifestaciones de activación autónoma y nerviosismo(parpadeos, aumento del tono de la voz).

Los mismos autores citan a Ekman (1.989) con sus hallazgos de que el cuerpo es una fuente de información más rica que el rostro para detectar el engaño, debido a que culturalmente hay mayor aprendizaje y control de la expresión facial, es decir, el rostro es un buen simulador, por ejemplo encontraron que las expresiones faciales genuinas duran entre.50 y 4 segundos, las simuladas pueden ser más duraderas o más breves.

En cuanto a las críticas y recomendaciones para su utilización hay que decir que no existe ningún sistema estandarizado para evaluar los indicadores conductuales de la credibilidad, lo que existen son teorías basados en estudios que carecen de validez ecológica, que requiere de una amplia investigación y que su aplicación puede resultar extremadamente costosa en cuanto a tiempo de entrenamiento de la prueba y análisis exhaustivo de cada evaluado.

ANÁLISIS DEL ESTRÉS DE LA VOZ

También se conoce con el nombre de estilometría, como lo informa Alonso-Quecuty (sf) en Clemente (1.995) y consiste en realizar un análisis de la prosodia (lo no verbal)como el tono, las pausas, la latencia de respuesta, etc. A decir verdad desconozco la amplitud de su utilización en el mundo, pero sé que en Colombia algunas de las fuerzas militares la usan con ayuda de un aparato tecnológico para investigaciones internas y procesos de selección. Considero que la deficiencia de la difusión de esta técnica esta relacionada con la inexactitud de sus hallazgos y que esto dificultaría su implantación en Colombia.

ENTREVISTA ASISTIDA CON DROGAS

El uso de barbitúricos como el amobarbital sódico o “suero de la verdad” ha sido conocido por amplias décadas y recomendado para encontrar la verdad en casos de trastornos disociativos, psicóticos, postraumáticos, de amnesias o de simulación. Rogers y Wettstein (sf) en Rogers (1.997). La investigación científica sobre el particular presenta deficiencias debidas a la falta de rigor experimental, a la variedad de las dosis y a efectos particulares como la personalidad del paciente y la relación médico-paciente, adicionalmente su uso en las investigaciones judiciales se ha desestimado.

CRÍTICAS GENERALES

Todas estas estrategias han implicado monumentales esfuerzos por parte de los profesionales de la psicología y los hallazgos no son proporcionales a dicha abnegación, es evidente que la realidad ha presentado acertadas críticas y limitaciones a cada una de estas técnicas, de modo que humilde y sensatamente la psicología debe aceptar que aún no puede responder con exactitud tecnológica a la pregunta sobre la veracidad del testimonio de alguien y es probable que nunca lo pueda hacer. Con esto no pretendo desalentar los esfuerzos de los investigadores por desentrañar los misterios del comportamiento humano, sino aceptar que el comportamiento humano es tan complejo y variado que será bastante difícil obtener una técnica exacta para medir veracidad del testimonio.

REFERENCIAS

Garrido, E.; Massip, J. (1.998) Evaluación de la credibilidad del testimonio. Una revisión de los fundamentos teóricos, orígenes, evolución y estado actual del Análisis de Contenido Basado en Criterios. Trabajo presentado en V Congreso de Evaluación Psicológica. Benalmadena- Málaga, 30 Abril –3 de Mayo 1.998)

Masip, J.: Garrido, E. (2.001) La evaluación de la credibilidad del testimonio en contextos judiciales a partir de indicadores conductuales. En Anuario de Psicología Jurídica (2.000), 93-131.

Morris, R. (sf) La admisibilidad de pruebas derivadas de la hipnosis y el polígrafo. En Raskin, D. (1.994) Métodos psicológicos en la investigación y pruebas criminales. Bilbao: DDB

Raskin, D. (sf) Técnicas poligráficas para la detección del engaño. En Raskin, D.

Rogers, R.; Wettstein; R. (sf) Drug-Assisted interview to detect malingering and deception. En Rogers, R. (1.997) Clinical Assessment of malingering and decepction. New York: Guilford Press Second Edition

Angela Tapias
Diana Patricia Bello
Jeymy Leandra Gonzalez
Vanessa Jeanine Vesga

 

Son pocos los estudios nacionales referidos a la simulación de psicopatologìas en procesos judiciales, por ello la importancia de aprender de la experiencia internacional en la práctica del peritaje, en especial para el Instituto Nacional designado para la elaboración de este tipo de valoraciones. Esta revisión teórica recoge los criterios para diagnosticar simulación de psicopatologías en el medio forense cuando es usada para argumentar inimputabilidad en procesos judiciales. También se incluye la metodología para la evaluación psicológica de la simulación y el uso de pruebas psicológicas y exámenes paraclínicos. Los hallazgos más importantes son los 19 signos generales que indican la presencia de la simulación de psicopatologías, como criterios básicos para el peritaje agrupados en tres categorías: comportamiento durante la evaluación forense, características de los síntomas simulados y aspectos del historial clínico y judicial. Con base en estos signos se sugiere generar un protocolo de evaluación para todos los casos en que se sospeche de simulación. Adicionalmente se sugiere a los peritos colombianos, que siempre que evalúen simulación usen pruebas psicológicas y exámenes paraclínicos, como herramientas fundamentales de la valoración Estos instrumentos de medición además requieren ser validados para población colombiana, por lo cual se plantea la necesidad de desarrollar toda una línea de investigación y también desarrollar conocimiento sobre las características de simulación específicas para algunas enfermedades mentales en especial aquellas que pueden ser más frecuentemente simuladas. Sería de gran utilidad que el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses Nacional levantara estadísticas específicas de la prevalencia e incidencia de simulación en Colombia, para conocer la realidad de ésta problemática. Se vio además la importancia de incluir éste tema en la especialidad de psiquiatría forense y crear un postgrado en psicología forense en Colombia que también lo contemple.

Palabras clave: simulación, psicopatología, psicología forense, peritaje, inimputabilidad.

El término forense proviene del latín forum y tiene sus orígenes en el foro de la Roma Clásica. Son muchas las disciplinas que hoy en día buscan enriquecer los sistemas judiciales. Una de ellas y en la que este artículo se centra es la Psicología Forense que comprende un área específica de la aplicación de la Psicología Jurídica, cuya tarea fundamental es el peritaje psicológico y es dentro de esta área que se presenta el problema de la simulación de psicopatologías. (Clemente, 1995)

De acuerdo a lo informado por profesionales del Instituto Nacional de Medicina Legal; en nuestro país han transcurrido 20 años de trabajo en peritaje, sin embargo, por reporte verbal del Dr. Jorge González, del Centro Nacional de Referencia, se sabe que no se cuenta con estadísticas sobre simulación y las fuentes bibliográficas nacionales sobre el tema son precarias. Esta deficiencia nacional puede suplirse porque en el medio forense internacional si se han realizado investigaciones que describen los casos en los que se usan evaluaciones en las que psicólogos y otros profesionales de la salud mental, están frecuentemente involucrados en la realización de éstas, para ser usadas en procedimientos legales, tanto civiles como penales (Borumm y Grisso, 1995)

A continuación se presentarán los conceptos de simulación, cuya característica principal es el acto de fingir algo que no existe y la inimputabilidad, que es un concepto legal que se aplica a los casos en los que el acusado no puede responsabilizarse de sus actos, por diferentes razones. Estos conceptos serán ahondados en los siguientes párrafos.

Simulación de enfermedad mental

La simulación según Marco, Marti y Bartran (1990) es un tipo de conducta humana tan antigua como la humanidad. Tanto datos históricos como textos sagrados (La Biblia y las historias de Grecia, Roma y la Edad Media), nos muestran que la simulación existió en todas las épocas y en todas las civilizaciones.

Uno de los primeros escritos fue el de Galeno con el primer tratado sobre enfermedades simuladas, lo que le dio gran fama en Roma (González, 1991). Sin embargo, como dice Bonnet (1984), citado Marco y col. (1990) parece que fue Juan Bautista Silvaticus quien en 1595 publicó la primera obra sobre la simulación de la locura, titulada “De lis qui Morbum Simulant Reprehendis liber”. Y quizá sea Ambrosio A. Tardieu con la publicación en 1872 de su “Estudio Médico-Legal sobre la locura” el primer autor que profundiza el tema de la simulación de enfermedad mental, hasta tal punto que la obra de Tardieu no ha sido refutada por autores posteriores, que se han limitado a perfeccionarla y complementarla, manteniendo sus criterios claves, aún hoy, con plena vigencia.

Hoy en día la simulación de enfermedades mentales es una cuestión muy delicada en el ámbito del peritaje forense; es necesario poseer profundos conocimientos psicológicos, psiquiátricos y espíritu de observación. (Delgado, Esbec y Pulido, 1.994)

La etimología de la palabra simulación se deriva del latín simulatio, cuyo significado es la acción de simular o imitar lo que no se es. La simulación se ha definido desde diferentes disciplinas; sin embargo. una de las más completas es la que se da desde el punto de vista psicológico siendo una manifestación conscientemente falsa, con un determinado fin, mediante el engaño de otros. Se podría decir que es una mentira plástica, en la cual el sujeto puede fingir, alegar, exagerar, falsear el origen y disimular una enfermedad, física y/o psicológica, con el objeto de engañar a otros con una finalidad determinada, y que con un esfuerzo mantenido durante un tiempo determinado busca el conseguir un beneficio o provecho inmediato. (González, 1991)

A pesar de que todos estos conceptos apuntan a que la simulación es una conducta humana encaminada a la obtención de un beneficio, como la resaltan Marco y col. (1990): “no puede negarse por un lado la existencia de un trasfondo anómalo o patológico en algún simulador, sin embargo, esto no puede generalizarse a los sujetos que por diferentes motivos dentro de un mismo medio presentan una sola característica en común, la de simular”. (Pág. 1393)

Diferente a la simulación, es la disimulación, en la que la persona procura esconder, disfrazar o modificar su lesión o enfermedad cuya finalidad engañosa es el beneficio perseguido y /o la utilización del beneficio obtenido. Esto es frecuente en los exámenes de admisión, en la contratación de seguros, entre otros. (Marco et al.1990)

La simulación se caracteriza, como bien señala Gisbert (sf) referenciado por Ramos y Marlet (1987), por:

La voluntariedad consciente de fraude.

La invención o alteración de síntomas mórbidos, y

La finalidad utilitaria egoísta.

Uno de los puntos de controversia para algunos autores ha sido el de considerar si la simulación puede ser un indicio de enfermedad mental. La American Phychological Association, APA (1987), citada por Marco et al. (1990), la considera como un síntoma de un déficit psicológico básico o se le coloca en la categoría de codicia, envidia o falta de fuerza moral. Sin embargo, otros autores la consideran como una forma de enfermedad mental consistente en una personalidad inadecuada, antisocial o inmadura. Esta posición fue duramente criticada.

Motivaciones para incurrir en simulación

Al estudiar la psicología de la simulación, Vallejo Nágera (sf), citado por Ramos y Marlet (1991) clasifica las motivaciones para simular y a los simuladores en: sujetos con un íntimo sentimiento de inseguridad, delincuentes que recurren con mucha frecuencia a la simulación por su propia iniciativa o por sugerencias de otras personas, personas que se consideran superiores a los demás, los que simulan para atraer la atención de los otros y los que simulan miedo a la muerte, al ridículo o la vergüenza Por último tenemos a los que hacen de la simulación un medio de vida.

A diferencia de la simulación, la motivación principal para padecer un cuadro clínico real es inconsciente y tiene el único fin de evitar o reducir la ansiedad, la motivación para los simuladores y la justificación de su conducta está basada en contingencias ambientales que lo llevan evadir la responsabilidad penal o judicial del hecho perpetrado, al ser declarado inimputable.

Inimputabilidad por enfermedad mental

La inimputabilidad es un concepto asociado al de enfermedad mental y simulación en el sistema judicial, la palabra inimputable es un estado legal, que determinado por la autoridad judicial indica que la persona no es responsable de sus actos. (Academia Americana de Psiquiatría y Leyes, 1996).

Teniendo en cuenta la ley colombiana “Es inimputable quien en el momento de ejecutar la conducta típica y antijurídica no tuviere la capacidad de comprender su ilicitud o de determinarse de acuerdo con esa comprensión, por inmadurez psicológica, trastorno mental, diversidad sociocultural o estados similares (Art.33. Nuevo Código Penal) Si la inimputabilidad proviene exclusivamente de trastorno mental transitorio, no habrá lugar a la imposición de medidas de seguridad. Para todos los efectos se considera penalmente inimputable al menor de 18 años. (Código Penal, Capítulo Sexto, 2001)

Luego de que un defendido pasa por un juicio o un tribunal de jurados, y es encontrado no culpable por inimputabilidad o culpable por enfermedad mental, usualmente es confinado a tratamiento en un hospital especial para enfermos mentales que han cometido crímenes. Así después de un periodo la persona puede apelar a un nuevo juicio para determinar si ya no representa una amenaza para ella misma o para los demás y mirar si es aceptable que sea puesto en libertad. Los estudios muestran que cuando una persona es hallada no culpable por inimputabilidad, por lo general son retenidas al menos por un largo tiempo, incluso más largo que las personas encontradas culpables y que son enviadas a prisión por crímenes similares (Academia Americana de Psiquiatría y Leyes, 1996)

Según la Academia Americana de Psiquiatría y Leyes (1996) algunos estudios han mostrado que la defensa de la inimputabilidad no se utiliza frecuentemente. De acuerdo con un estudio que se realizó en ocho estados, la defensa de la inimputabilidad era utilizada en menos del 1% de los casos en una muestra representativa. El estudio demostró que sólo el 26% de estos argumentos de inimputabilidad tuvieron éxito. En éste estudio además se señaló que la inimputabilidad como defensa se utiliza contra muchos delitos, no solamente homicidio, la mitad los casos estudiados argumentaban inimputabilidad ante acusaciones de crímenes violentos y menos del 15% fueron juzgados como asesinato. El resto de los procesos fueron sentenciados como robo, daño a propiedad privada y otros

Otros estudios reportaron resultados similares. De acuerdo con Mitos y Realidades: Un Reporte de la Comisión Nacional de la Inimputabilidad en Est.Unidos, en 1982 sólo 52 de 32000 adultos acusados, fueron representados por abogados defensores de la oficina de Nueva Jersey que estaban enterados del pleito de inimputabilidad y sólo 15 de ellos tuvieron éxito. (Bartol, 1999). Aunque estas cifras indican la poca prevalencia de la problemática es evidente que la evaluación implica un reto para los peritos, de ahí la importancia de los aspectos que se señalan a continuacion.

Signos para la detección de simulación

Existe un buen número de pistas que se pueden aplicar apropiadamente en la detección del engaño, en documentos no publicados sobre simulación por la Academia Americana de Psiquiatría y Leyes, escritos por Vicary y Maloney; referenciados por Jaffe y Sharma (1998) se reportó que el conocimiento que tienen los clínicos tiene una gran ventaja en la detección de la simulación; y para Marco y col. (1990), Rogers y col. (1996), Jaffe y Sharma (1998), Irruarizaga (1999) y Stuart y Clayman (2001) existen los siguientes signos como evidencia objetiva de la simulación:

1. Retención de información y Falta de cooperación: La memoria de un simulador tiene vacíos importantes, es cauteloso y piensa que entre menos información tenga el examinador, es mejor. Con frecuencia afirman haber olvidado muchas cosas o no saber. (DSM- IV, 1998) Hay el temor de que una evaluación rigurosa detecte la enfermedad que está simulando. Los sujetos parecen seguir todas las indicaciones médicas pero toman una actitud totalmente antagonista; tratan de tomar el control de la entrevista y se comportan de una manera intimidante, gastan tiempo para pensar las respuestas que van a dar. Presentan abundancia de respuestas evasivas si están dirigidas a una cuestión vital para el simulador; contestaciones burlescas, irónicas y ridículas; ausencia del trastorno de la afectividad.

2. Exageración: Los simuladores creen de forma equivocada que entre más extraños parezcan, más creíbles son. Clemente (1995) lo denominó elevación del número de dramatismos.

3. Llaman la atención sobre su enfermedad: Según Ritson y Forest (1970), citados por Marco et al. (1990) los simuladores están ansiosos por llamar la atención sobre su enfermedad, lo cual contrasta con la conducta de los enfermos reales que a menudo, son reticentes a hablar de sus síntomas. El auténtico enfermo sin proponérselo puede presentar abandono en su cuidado físico tener el pelo largo, aparecer sin afeitar, con las ropas sucias, desaliñado, con abandono de su limpieza; mientras que el que finge se pone ropas extravagantes; la camisa al revés; la bufanda fuera de su sitio con vestimentas artificialmente alteradas; a menudo, esa alteración de su aspecto exterior sólo se da durante los reconocimientos médicos o declaración ante funcionarios judiciales. (Delgado y col., 1.994)

4. Los acusados actúan comúnmente como sordos y tontos: se muestran excesivamente psicóticos, intelectualmente impedidos y con amnesias y delirios. Las personas que fingen actúan como “tontos y locos” por que ellos creen que las personas mentalmente enfermas son tontas.

5. Ausencia de alteración afectiva clínicamente asociada con la enfermedad que simula: Falta el típico contenido afectivo de ansiedad en alucinaciones y delirios; o el tono afectivo de temor, rabia o depresión asociado a cualquier diagnóstico. Si hay auto lesionismo, éste no reviste gravedad, estando bien calculado el acto. En caso de dolor la persona puede argumentar el máximo de severidad del dolor, pero la discrepancia es que psicológicamente se presentan libres de todo síntoma.

6. Ausencia de perseveración: La perseveración es un signo de consistencia en la personalidad y/o en la patología, por tanto es una conducta que debe presentar constancia en el tiempo, rara vez se ve en los simuladores. (Marco y col., 1990)

7. Incoherencia entre resultados de pruebas y funcionalidad del evaluado: La falta de coherencia entre los resultados de test formales y la funcionalidad real del sujeto en su vida cotidiana. Ej. El simulador puede asegurar o mostrar una incapacidad para trabajar, pero mantiene la capacidad de su esparcimiento como por ejemplo disfrutar del teatro, ver TV, jugar cartas, etc. La inconsistencia entre las respuestas del sujeto referida a ejecutar correctamente ejercicios complejos e incorrectamente ejercicios más sencillos que implican los mismos procesos cognoscitivos y el fallo en ítems muy simples.. Otros indicadores de este signo son el rendimiento por debajo de lo esperado al azar en pruebas de elección entre dos alternativas, la inconsistencia en la ejecución de diferentes pruebas que exploran las mismas funciones, el bajo o nulo rendimiento en pruebas neuropsicológicas que la mayor parte de los pacientes con lesiones cerebrales graves realizan correctamente. La alta incidencia de respuestas “aproximadamente correctas” en oposición a las “claramente correctas” Iruarrizaga (1999).

8. Alteraciones del lenguaje no verbal: El tono y la intensidad de la voz varían significativamente ante la mentira, la velocidad de fraseo es lenta y evasiva, el evaluado tarda en responder porque necesita pensar varias veces para contestar con coherencia, produce pausas y errores en el discurso, además es de carácter indirecto, las expresiones faciales varían contingentemente con el contenido temático. Rogers (1998), Hall y Pritchard (1996), Nies y Sweet (1994), Eckman (1992) entre otros, citados por Iruarrizaga (1999) Las características de la mirada tienen mucha importancia: la del auténticamente trastornado se caracteriza por su mirada fija y expresión extraviada; la mirada del simulador es menos franca, se muestra con una expresión de desconfianza como temeroso de ser descubierto. Un buen signo es la discordancia entre la expresión facial y el tono y contenido del lenguaje (paraminia y paratimia), con una excepción: la esquizofrenia, en la que ese signo puede ser de patología real. (Delgado, y col., 1.994)

9. Los síntomas del simulador son generalmente inconsistentes con los síntomas legítimos de la enfermedad mental: El simulador actúa de manera normal cuando no se percata de que está siendo observado, por lo cual hablar con el personal que tiene oportunidad de observar al preso es útil para descubrir su comportamiento inconsistente. Los síntomas del simulador son generalmente inconsistentes con los síntomas legítimos de la enfermedad mental: Por ejemplo un farsante dice que no puede recordar su nombre o la fecha de nacimiento, pero si es capaz de recordar otros eventos pasados, como la dosis de los medicamentos que ingiere. El simulador por lo general confunde los síntomas psicóticos con los impedimentos cognoscitivos y cree que la persona que escucha voces no sabe en que año está. Los amnésicos auténticos generalmente recuerdan cosas como: nombre, edad, fecha de nacimiento, dirección, nombre de la madre, de familiares cercanos y lo que desayunaron; lo cual es lo que pretenden olvidar los farsantes; y es muy raro que finjan amnesia global. Los simuladores pretenden tener alucinaciones visuales o auditivas y hablan con personas imaginarias. En la exploración clínica de la simulación se señalarán las intermitencias y modificaciones inexplicables del síndrome mental exhibido; inexistencia de la relación entre el síndrome o enfermedad aparente y la causa etiológica presumible.

10. La simulación es más difícil de mantener por períodos largos: El hecho de simular exige una extremada concentración y resulta extenuante por lo cual la persona sana requiere períodos de descanso. Por eso también hay más oportunidad de descubrir el engaño durante una entrevista larga.

11. Dificultad para fingir síntomas fisiológicos: Generalmente el simulador desconoce los síntomas fisiológicos de la enfermedad y por eso no los actúa, si llegara a simularlos puede ser descubierto porque los sobreactúa o tiene dificultades para hacerlo. Por ejemplo el que simula depresión puede fingir astenia pero no finge frío en las manos, que es un síntoma que se le asocia. (Rogers y col., 1996)

12. Simulan síntomas evidentes y en relación con el conocimiento previo de la enfermedad: Los simuladores tienden a fingir los síntomas más conocidos y característicos de la enfermedad dejando de lado otros que están asociados con el mismo pero no son tan conocidos u observables. Por ejemplo en Trastorno disociativo de la personalidad pueden fingir las personalidades múltiples, pero no saben de las amnesias y no las simulan (Aunque no en todas las expresiones de este trastorno se manifiesta la amnesia). En personas preparadas académicamente en temas relacionados (psicólogos, psiquiatras, médicos, etc.) es más difícil detectar la simulación de psicopatologías que en personas que no tienen una preparación académica extensa o de éste tipo. (Rogers y col., 1996)

Se fingen más síntomas que cuadros diagnósticos íntegros: Los simuladores pueden no ajustarse a ninguna entidad diagnóstica conocida. Los síntomas pueden haberse elegido de varias enfermedades y por ello pueden presentar quejas inusuales, atípicas, inexplicables o inconsistentes con los desórdenes conocidos. Las personas que fingen síntomas muy específicos (falta de concentración) y desórdenes específicos (depresión mayor).(Marco y col., 1990). Mezclan síntomas pertenecientes a diversos síndromes o entidades gnoseológicas; y a ninguna entidad clínica en particular.

Informan síntomas severos con aparición aguda en contradicción con el desarrollo crónico conocido por los clínicos: Los simuladores pueden afirmar haber tenido delirios (o síntomas en general) de comienzo repentino, cuando en realidad los delirios sistematizados tardan normalmente varias semanas en sistematizarse. Pueden informar que los síntomas de “locura” comenzaron cuando el imputado tenía 40 años, poco antes del incidente judicial y el clínico sabe que la esquizofrenia tiene un inicio cerca de los 20 años y la enfermedad se desarrolla crónicamente.

Discrepancia entre el auto- reporte y los archivos médicos: Los evaluados afirman severidad en síntomas en ausencia de tratamiento psicológico, psiquiátrico, medicación y hospitalización; cuando el perito sabe que la severidad de síntomas generalmente se asocia a consulta temprana con los expertos y con la existencia de una historia clínica previa. (Stuart y Clayman, 2001; Marco et al, 1990 e Iruarrizaga, 1999). Los acusados pueden argumentar alguna psicopatología pero no informan haber estado en un tratamiento previo, y cuando tienen una cita para un tratamiento de salud mental o para una evaluación la cancelan o llegan más de una vez tarde a las citas y no cooperan durante el examen psicológico, además, también fallan en seguir un plan de tratamiento para un diagnóstico.

Los simuladores parecen no tener ningún motivo o comportamiento psicótico asociado a sus ofensas: no relacionan los delitos con sus síntomas o alteraciones como cometer asesinato con agravantes arraigados, por ejemplo existe relación entre el síntoma y la conducta del homicida como beber la sangre de la víctima que asesinó porque creía que los extraterrestres le estaban quitando la suya propia.

Evidencia de complicidad: En los casos en los que se alega que el acusado presenta un determinado tipo de patología mental, se sospechará simulación si hay un cómplice implicado en el crimen. En efecto, como dice Resnick (1984) citado por Marco y col., (1990), la mayoría de los cómplices de inteligencia normal no participarán en crímenes motivados psicóticamente.

Engaños anteriores: Las investigaciones retrospectivas algunas veces revelan evidencias de engaños pasados, como utilización de alias, escapes de la prisión o mentira en un negocio; es común encontrar un patrón de comportamiento antisocial engañoso. La enfermedad actual es tan sólo otra instancia de éste patrón.

Historia laboral incoherente con la enfermedad: Según Resnick (1984), citado por Marco y col. (1990), los simuladores pueden tener un historial laboral desfavorable “la persona que siempre ha sido responsable, honrada, miembro adecuado de la sociedad es menos probable que simule”. Aunque la estabilidad laboral puede ser positiva previa al aparecimiento de la enfermedad y deteriorarse desde entonces, si se alegan síntomas crónicos esto alteraría también crónicamente el historial laboral, también puede ser indicador de simulación, ya que una persona que padece una enfermedad mental, difícilmente puede tener un óptimo funcionamiento laboral.

Los signos de simulación ya enunciados son generales y se pueden encontrar en el fingimiento de cualquier enfermedad, sin embargo también la literatura reporta signos de simulación específicos para algunos cuadros diagnósticos.

Pruebas específicas de simulación

Se han desarrollado varios instrumentos para la evaluación psicológica, neuropsicológica y paraclínica de la simulación, (ver tabla 1) son muy útiles si son aplicadas con habilidad, aunque son poco conocidas, usadas o menospreciadas por algunos peritos. En Colombia los peritos no disponen de test específicos para la detección del engaño, así que se basan en su pericia para realizar el examen.

Sugerencias para la evaluación de futuros

casos de simulación en Colombia

Esta revisión de la literatura internacional ha permitido obtener datos determinantes para el diagnóstico y la evaluación de simulación de psicopatología en el medio forense, de ahí la importancia de tomarlo como herramienta para los peritos colombianos en la valoración de estos casos y como base para iniciar investigaciones científicas en nuestro medio. A continuación se presentarán algunos sugerencias que puedan servir como base para la evaluación de futuros casos de simulación en Colombia:

1. Se ha visto la necesidad de que quien realice peritajes, independientemente de si psiquiatra o psicólogo posea un conocimiento suficiente y unificado de las características y signos generales como específicos de enfermedades mentales para detectar

Tabla 1. Test psicológicos utilizados para la evaluación forense.

Pruebas específicas para evaluar simulación psicopatología forense

1. MMPI ( Minessota Multiphasic Personality

Inventory)

Evalúa la personalidad y tiene una considerable efectividad para medir fingimiento
2. 16 PF Distorsión Motivacional Mide personalidad. Puntuaciones superiores a 7 indican falta de sinceridad
3. Bender Gestalt Es un buen discriminador siempre que se utilicen los seis criterios para simulación de Bender
4. PAI (Inventario de Valoración de Personalidad)

Parece tener un éxito moderado en la detección de individuos simuladores. La simulación de psicopatologías se aprecia a través de la escala negativa de impresión NIM

5. Pruebas Identificativas Simples

Consiste en mostrar al sujeto objetos de uso cotidiano, al identificar, el simulador dice que no sabe o se equivoca.
6. Prueba de Störring
Se le hace calcular al individuo una operación aritmética). Los simuladores manifiestan no acordarse de estas operaciones o se equivocan en un número

7. Prueba de los Dígitos

Consiste en pronunciar lentamente 6 u 8 dígitos y pedir que los repita. el simulador dice no poder recordar ni una sola cifra o falla siempre en dos cifras situadas en el mismo lugar en el número.
8. M Test Sirve para detectar simuladores de esquizofrenia

Pruebas Neuropsicológicas Forenses

9. Batería Halstead- Reitan.
Compara el funcionamiento neuropsicológico de pacientes con daño cerebral e individuos simuladores señalan que, mientras que los primeros tienden a tener un peor rendimiento en las funciones cognitivas los individuos simuladores tienden a rendir peor en aquellas pruebas que evalúan el funcionamiento motor, sensorial y perceptual.

10. PDRT (Test de Reconocimiento de Dígitos de Portland)

Este Test está basado en la idea de que el reconocimiento del individuo simulador será menor de lo esperado al azar en pruebas de elección entre dos alternativas

11. Polígrafo o detector de Mentiras
Es un examen de detección psicofisiológica del engaño

12. Medidas específicas de Amnesia fingida: SVT (Symptom Validity Test), AVLT Rey 15 (Rey

Auditory Verbal Learning Test), PHI (Entrevista de Historia Personal).

Diversos instrumentos diseñados para evaluar específicamente simulación de amnesia

Es utilizado por lo general para evaluar simulación.

Pruebas Bioquímicas

13. Adolasa
14. BUN
15. DA (Dopamina)
16. MAO plaquetario
17. MHPG.

18. Prueba de Magnesio

simulación. Ello debido a que una de las dificultades encontradas a la hora de realizar evaluaciones en simulación ha sido la falta de un adecuado entrenamiento, así como de conocimiento o experiencia requerida para estas tareas.

2. Se requiere que en todos los casos al menos se emplee una prueba específica para la detección de simulación. En algunos casos deberá emplearse pruebas bioquímicas y neuropsicológicas para descartar una enfermedad de tipo orgánico; ya que son numerosas las herramientas que un perito puede utilizar para la evaluación de simulación de psicopatologìas.

3. Se sugiere tener dos peritos que de manera independiente puedan ofrecer su punto de vista de acuerdo una valoración completa y detallada del caso; pues obtener información de un sólo evaluador puede ser peligroso a la hora de descartar o aceptar que una persona sea imputable o inimputable.

El relato de personas allegadas al detenido puede ser útil a la hora de obtener datos importantes y que puedan servir de contrastación con el testimonio del acusado.

Conclusiones

Es fundamental que la psicología forense en Colombia desarrolle investigación continua en el área de la simulación de psicopatologías, ya que una de las dificultades encontradas al momento de realizar ésta revisión fue la falta de información y de estudios nacionales referidos a este campo.

Además, es posible que en anteriores procesos se hayan presentado dificultades al momento de detectar una simulación, por no poseer información confiable en la cual basarse, ni instrumentos de evaluación forense.

A través de éste artículo se ha pretendido brindar una perspectiva global respecto a las formas de realizar la evaluación forense para detectar simulación, comunicando criterios y técnicas que se pueden utilizar para evaluar de manera más eficiente los casos de sindicados de algún delito, que han argumentado inimputabilidad por enfermedad mental.

No obstante, se sugiere someter los hallazgos del presente estudio a contrastación empírica y al juicio de expertos clínicos y forenses, con el fin de complementar la información encontrada y verificar su validez.

Se considera que el aporte más significativo de ésta revisión consiste en los 19 signos generales para la detección de la simulación de psicopatologías, como criterio básico para el peritaje, que se pueden clasificar en las siguientes tres categorías:

Comportamiento durante la evaluación forense: Retención de información y falta de cooperación (1), exageración (2), llaman la atención sobre su enfermedad (3), actúan como sordos y tontos (4), ausencia de alteración afectiva clínicamente asociada con la enfermedad que simula (5), ausencia de perseveración (6), presentan incoherencia entre resultados de pruebas y funcionalidad vital del evaluado (7), y manifiestan alteraciones del lenguaje no verbal (8)

Características de los síntomas simulados: inconsistencia de los síntomas en el tiempo (9), no mantienen síntomas por períodos largos (10), dificultad para fingir síntomas fisiológicos (12), presentan solo síntomas evidentes en relación con el conocimiento previo de la enfermedad (12), presentan más síntomas que cuadros diagnósticos íntegros (13), informan síntomas severos con aparición aguda en contradicción con el desarrollo crónico conocido por los clínicos (14).

Aspectos del historial clínico y judicial: presentan discrepancia entre el autor reporte y los archivos médicos (15), ausencia de motivaciones psicóticas asociadas a sus ofensas (16), evidencia de complicidad (17), de engaños anteriores (18) e inestabilidad laboral (19).

Estos signos indicarán la presencia de la simulación de psicopatologías a peritos nacionales y extranjeros en psicología y psiquiatría forense. No obstante es necesario el conocimiento y la experiencia en la psicopatología clínica, profundizando en los signos de simulación tanto generales como específicos para cada cuadro diagnóstico, de tal manera que el dictamen sea más preciso.

Además se considera pertinente enfatizar la investigación de simulación de algunas psicopatologìas específicas que, según se detectó a través de esta revisión, pueden tener mayor probabilidad de ser simuladas como algunos trastornos de la personalidad, por ejemplo la de tipo antisocial, la cleptomanía, la piromanía, los trastornos por ansiedad y por estrés agudo.

Con base en estos signos se puede generar un protocolo de evaluación para todos los casos en que se sospeche de simulación.

Se sugiere que siempre la evaluación sea realizada por dos peritos, de manera independiente, incluyendo psicólogos y psiquiatras. Adicionalmente sería útil que se unificaran los conocimientos de los peritos colombianos, para que evalúen con los mismos criterios, que cada caso fuera evaluado por dos peritos, recurrir a otras fuentes de información como allegados del imputado. Se aconseja siempre el uso de al menos una de las pruebas ya sean clínicas, neuropsicológicas, o pruebas específicas de simulación en el medio forense y pruebas bioquímicas, las cuales es necesario validar para la población colombiana.

Es importante que la valoración del psicólogo o psiquiatra forense se realice tempranamente, teniendo en cuenta que cualquier psicopatología puede ser simulada y mientras más tiempo pase entre la detención y el proceso de evaluación por parte de peritos, el sindicado tendrá mayor posibilidad de refinar su simulación y por ende dificultar su detección.

Si el campo de la psicología forense busca generar datos, sería importante no sólo conocer la clase y la frecuencia de los tests usados en evaluaciones forenses, sino también conocer las opiniones de un grupo experto, respecto a la importancia de tales tests en tipos específicos de evaluaciones, además sería importante examinar las opiniones y modelos de uso entre psiquiatras forenses y psicólogos forenses colombianos, ya que los objetivos de las evaluaciones son las mismas para ambas disciplinas. De esta manera sería de gran utilidad que el Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses Nacional levantara estadísticas específicas de la prevalencia e incidencia de simulación en Colombia, para conocer la realidad de ésta problemática, puesto que es muy poca la información que se posee de la misma.

Para finalizar, se cree que es importante incluir éste tema en la especialidad de psiquiatría forense y crear un postgrado en psicología forense en Colombia que también lo contemple, y permita profundizar en ésta área a quienes lo deseen, dando así la oportunidad de formar profesionales en psicología forense competentes a nivel nacional e internacional, dirigiendo esfuerzos a la investigación en éste y otros temas relacionados.

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Lie Detection With Handwriting
A study in the Journal of Applied Cognitive Psychology shows that handwriting tests could give polygraphs a challenge for lie detection. Cynthia Graber reports.

When we lie, our brains work hard to make sure we get the story right and come off as truthful. Law enforcement officials try to tap into that effort, for example with polygraphs, to find out if a suspect is telling the truth. But such stress tests are beatable and not admissible in court. Now comes a report that handwriting tests could be a competitor to the familiar, but unreliable lie detector. The study appears in the Journal of Applied Cognitive Psychology.

Researchers at Israel’s Haifa University worked with 34 volunteers, who wrote truthful and false paragraphs on paper using a wireless electronic pen and a pressure sensitive tip. A computerized system measured pressure and stroke duration, both on the paper and in the air. Spatial measures, such as stroke length, height and width were also tracked. And the scientists found significant differences in pressure and spatial measures in deceptive statements compared with the truth.

The investigators say they need to validate this initial result and compare the technique with polygraphs and other lie detection tools. But perhaps in the future even a written claim of innocence could turn out to be a de facto confession.—Cynthia Graber