HERNAN ALEJANDRO CASTRO CASTRO, MD.

 

 

Es claro que mentir no es un sentimiento, sino el resultado de un complejo proceso mental que ocurre en milisegundos a nivel cerebral. El mentir y mas que mentir, las consecuencias reales o potenciales de ser descubierto, originan una serie de reacciones emocionales y físicas que de poder ser detectadas, constituyen las bases de los sistemas y técnicas usados para la detección de mentiras.

 

Desde los tiempos de la antigua china, existe evidencia de las pruebas que se realizaban con el fin de determinar quienes decían la verdad y quienes no, por ejemplo, hace 3.000 años los chinos decidían sobre la honestidad del testigo haciéndolo masticar polvos de arroz, para posteriormente escupirlos. Si el polvo de arroz estaba seco quedaba probado que el testigo había mentido; si por el contrario lo escupía húmedo, se daba por hecho que había dicho la verdad. Mientras que los Israelitas sometían al sospechoso al “Llamado Juicio de Dios”. El testigo debía tocar una barra de hierro al rojo vivo con la punta de la lengua, si se quemaba era prueba de que estaba mintiendo; si por el contrario aparecía sin daño, probaba su sinceridad. En la base de todos los procedimientos estaba la misma idea, cuando un testigo mentía, el miedo a ser descubierto provocaba que las glándulas salívales redujeran su actividad. Estas mismas premisas son usadas hoy en día utilizando tecnologías modernas que dejan al descubierto la activación del sistema nervioso autónomo (SNA) como consecuencia de la sensación de culpa o temor originada al mentir.

 

La historia nos permitió ver el desarrollo de unas técnicas no menos crueles, pero aparentemente más efectivas de “estimular” el testimonio verídico y que fueron ampliamente usadas a través de las guerras: la utilización de fármacos que buscaban sobrepasar la capacidad de ocultar la mentira y que se conocen ampliamente como “Sueros de la verdad”. De ellos el más utilizado fue el pentotal sòdico que en dosis inferiores a las utilizadas actualmente por los anestesiólogos, lograba su propósito.

 

Gran parte de los estudios y testimonios logrados con estas medicaciones fueron ampliamente descalificados, puesto que, no contaban con la aprobación del “paciente” y además en muchos casos se presentan reacciones alucinatorias que impedían evaluar la “veracidad” de la información suministrada.

 

“!Todos hemos mentido alguna vez!”,”!Todos alguna vez hemos querido saber si nos han mentido!”, constituyen los principios básicos que durante siglos han estimulado el estudio y desarrollo en el campo de la “Detección de mentiras” o “Verificación de la Verdad”.

 

Desde 1917 cuando fue inventado el polígrafo por William Marston, la ciencia, se ha concentrado en documentar la activación del sistema nervioso autónomo (SNA) relacionada con la aplicación de pruebas “guilty-knowledge” (“Conocimiento-Culpa”), mediante sistemas objetivos de análisis que nos permitan saber a ciencia cierta quien dice la verdad y quien no.

 

Los críticos de los sistemas vigentes de “detección de mentiras”, sostienen que estas técnicas no evalúan en realidad el testimonio del interrogado, sino su sistema nervioso autónomo y traen a colación casos que dieron la vuelta al mundo, tratando de demostrar que todos estos sistemas son vulnerables y pueden ser fácilmente engañados como en los celebres casos de pruebas poligráficas realizadas en los espías Aldrich Ames and Robert Hanssen.

 

Otras personas han dedicado en forma ciega sus esfuerzos, en demostrar torpemente que cierta técnica, procedimiento o test, se constituye como la mejor alternativa en el campo de la detección de mentiras, desconociendo el desarrollo y ventajas de sistemas combinados de evaluación. Gracias a este afán comercial de encontrar o desarrollar el detector infalible, hemos visto aparecer múltiples publicaciones sensacionalistas anunciando el teléfono de la verdad, las gafas de la verdad, la cámara de la verdad o el mejor aparato para la detección de mentiras. Como la historia nos lo ha enseñado en otros campos, es muy probable que nuevas técnicas y desarrollos en el campo medico, criminalìstico y psicológico, sean en ultimas quienes de forma conjunta, permitan desarrollar el famoso “DETECTOR IDEAL DE MENTIRAS”.

 

La búsqueda del sistema perfecto de detección, ha desarrollado el concepto del “DETECTOR IDEAL DE MENTIRAS” que reúne las siguientes características:

 

Resultados 100% confiables

Resultados 100% reproducibles

Resultados Inalterables

Resultados en tiempo real

Fácil implementación

Análisis veloz

Bajo costo

 

Esta búsqueda ha motivado los estudios más interesantes de podamos imaginarnos. La Doctora O`Sullivan de Sacramento California, por años ha venido estudiando el campo de la detección de mentiras, en especial lo relacionado con la “malicia indígena” que nos permite saber cuando una persona miente. El estudio mas amplio realizado hasta el momento, incluyó a mas de 2000 personas, dejando al descubierto lo que la mayoría de nosotros consideramos el signo mas frecuente de mentira: “Desviar la mirada”. Desafortunadamente, esta característica, no se correlaciona muy bien con el hecho de estar mintiendo.

 

Las investigaciones, además aportaron preocupantes estadísticas que demuestran el mal “sentido del olfato” que tenemos los humanos en general, para detectar mentiras. En videos que contenían testimonios tanto verídicos como falsos, la población estudiada, fue capaz de detectar los casos falsos, solo un 55% de las veces, lo que constituye para los amantes de las matemáticas y probabilidades, un chance ligeramente mayor a lanzar una moneda al aire y apostarle a la cara o al sello.

 

Estos mismos estudios evidencian algo también curioso: Solo un 0.1% de las personas goza de la capacidad innata de detectar bajo diferentes circunstancias y en diferentes personas quien dice la verdad y quien no. Dichos sujetos han sido sometidos a estudios adicionales buscando determinar cuales son esos parámetros que les permiten identificar inequívocamente a los mentirosos, revelando una extraordinaria capacidad de observación de cambios sutiles en expresiones corporales, cadencia y tono de la voz, pero que desafortunadamente tampoco pueden ser generalizados ni aplicados indiscriminadamente a todas las personas observadas.

 

Otros estudios se han enfocado en evaluar los resultados de un entrenamiento para la detección de mentiras a partir de cambios en el comportamiento del individuo o análisis de sus reacciones, evidenciando un aumento de la capacidad “detectora” a un 70% de los casos analizados. Algunas instituciones, en particular las relacionadas con los servicios de Seguridad y Vigilancia de los Estados Unidos han sido quienes mejor califican en las pruebas de detección de mentiras y se ha sugerido que esta mayor habilidad estaría relacionada con el entrenamiento recibido.

 

La necesidad del ser humano de demostrar mediante números, graficas o imágenes la presencia de mentiras, ha estimulado el desarrollo de sistemas de “medición de las mentiras”. Erróneamente muchas de las personas con las que he tenido oportunidad de charlar del tema, siempre se concentran en ver una demostración. Generalmente me retan a que los interrogue con una o dos preguntas casuales. Esta misma curiosidad se ve reflejada en instituciones privadas y públicas para quienes una demostración “podría o no vender el servicio”. Muchas de las compañías que ofrecen servicios de detección de mentiras se han dejado enredar en este juego, que en últimas desacredita todo un proceso de investigación, elaboración de cuestionarios, evaluación de las circunstancias, entrevistas preliminares, adecuaciones de escenario, entre otros que durante años han sido componentes necesarios para garantizar la adecuada realización de las “pruebas”.

 

Sin el deseo de entrar en amplias divagaciones o revisiones bibliográficas de los diferentes sistemas detectores de mentiras, me limitaré a realizar una presentación de ellos con una breve explicación sobre su funcionamiento y posibles usos.

 

La evaluación objetiva de la respuesta del SNA ante una situación de estrés, es posible realizarla gracias a diferentes sistemas, dentro de los cuales es mas conocido es el polígrafo. La prueba de poligrafía ampliamente realizada, consiste en la medición de varios parámetros biométricos que se modifican ante la presencia de neurotransmisores liberados en el torrente sanguíneo como consecuencia de una percepción de amenaza. Además de su uso en el campo de la detección de mentiras, es un elemento ampliamente utilizado en medicina en laboratorios de investigación fisiológica y en pruebas diagnosticas de disfunciones eléctricas cardiacas y neuronales.

 

Dada la evaluación simultanea de múltiples patrones biométricos como presión, respiración, sudoración, tono muscular y ondas cerebrales que reciben influencia no solo del SNA sino también de enfermedades sistémicas, sustancias y medicaciones, es muy importante contar con la asistencia de un poligrafísta con amplia experiencia, que este en capacidad de analizar en conjunto las mediciones obtenidas. Es por esto que existen asociaciones y escuelas debidamente acreditadas que certifican la adecuada capacitación en la implementación de la prueba con el fin de obtener resultados confiables.

 

El sistema de análisis tónico de la voz o VSA por sus siglas en ingles, consiste en el análisis de la voz en la búsqueda de micro vibraciones originadas en las cuerdas vocales como consecuencia de la estimulación de sistema nervioso autónomo que las inerva. Sus desarrolladores argumentan una mayor velocidad en la implementación y obtención de resultados, además de constituirse como valiosa herramienta en la detección “remota” de mentiras a través de la vía telefónica. El sistema viene siendo usado por más de 2000 dependencias judiciales estadounidenses, compañías de seguros, universidades y departamentos policiales. Además ha sido utilizado en investigaciones médicas relacionadas con la detección de ansiedad como mecanismo de seguimiento en el tratamiento de patologías siquiátricas. La implementación de esta técnica, requiere un particular cuidado en el diseño de los cuestionarios, teniendo en cuenta las técnicas recomendadas de interrogación con el fin de asegurar una buena calidad en la entrevista. Al igual que con las pruebas de poligrafía y en general cualquier técnica que involucre el desarrollo de interrogatorios, es recomendable contar con la presencia de un profesional en el campo de la evaluación del comportamiento y la salud mental, como es el caso de un psicólogo o un psiquiatra.

 

Aunque en Colombia no tengo noticia de su presencia, existen además sistemas que han sido probados en los Estados Unidos para la detección ultrarrápida de mentiras como el uso de imágenes térmicas de alta definición – HDTI (high-definition thermal-imaging). Este sistema permite evidenciar el enrojecimiento facial momentáneo que ocurre en un individuo segundos antes de mentir. La técnica de HDTI fue desarrollada para identificar el rostro de personas y sus rasgos que podrían están encubiertos por cicatrices o disfraces, y se ha propuesto como una medida de seguridad en aeropuertos. Aunque la técnica arrojó resultados positivos, con una confiabilidad del 80%, sus detractores sostienen que no distingue entre un individuo ansioso de uno mentiroso y al igual que con todas las otras técnicas es objeto de intensos debates.

 

Los críticos de los sistemas basados en la evaluación de estrés mediante la medición de parámetros de activación del SNA, han estimulado el desarrollo de otras técnicas que dependan menos de la evaluación indirecta del stress y se concentren en ubicar los centros de la mentira a nivel cerebral. Es así como se ha venido estudiando el cerebro con técnicas como el Brain fingerprinting (mi traducción mas aproximada seria “Identificación Cerebral”). El principio de funcionamiento de esta técnica, consiste en exponer a una persona a “algo” que se encuentra almacenado en su memoria y esperar que el cerebro emita una respuesta eléctrica conocida como onda p300. Esta onda ocurre aproximadamente 300 milisegundos después de un estimulo y la “p” resalta el hecho de que se trata de una onda son polaridad positiva. La onda es registrada por electrodos adheridos en la zona parietal cero ubicada en la parte superior de la cara posterior de la cabeza. Los resultados han sido prometedores con valores superiores al 99% en las pruebas realizadas, desafortunadamente con la onda p300 sucede un paradigma aun no resuelto: la onda se genera ante la presencia de estímulos con gran significancia para el sujeto, así como ante la presencia de estímulos infrecuentes, por lo que sus críticos afirman que lo único que la onda p300 detecta es la presencia de actividad de la memoria.

 

Estudios mas especializados de imageneologia cerebral, mediante técnicas de resonancia magnética nuclear (MRI por su sigla en ingles), han sido realizados por el Doctor Langleben, quien sostiene haber encontrado la parte del cerebro que se activa cuando una persona miente de forma voluntaria. La zona se encuentra en la corteza cingulada anterior. Este descubrimiento podría ser alentador en la búsqueda del detector infalible, pero diferentes especialistas expertos en fisiología cerebral, afirman que por su alto costo y en especial por que esta zona del cerebro esta relacionada con el proceso de conflicto y no con la determinación acerca de algo, este método podría ser origen a falsos resultados.

 

Como ha sido bien definido en los estudios en el campo de la detección de mentiras, existen además factores de confusión que deben ser tenidos en cuenta a la hora de evaluar los resultados de las pruebas: el sentimiento de culpa y el estrés por asociación. El primero de ellos esta relacionado con la incomodidad moral originada al sentirse participe del hecho, aun sin haber tenido una participación voluntaria. El ejemplo mas claro es el sentimiento de culpa de los padres cuando su hijo se estrella o pierde el año o sufre un embarazo no planeado. El estrés por asociación se origina al realizar preguntas cuyas respuestas a pesar de ser ciertas, por su connotación son percibidas por el sujeto como algo estresante o amezador. Como ejemplo, cito la incomodidad que sienten las mujeres al ser cuestionadas cobre su edad y en especial si pasan de los 40 y peor aun si están solteras y sin hijos.

 

Algunas conclusiones que me gustaría compartir con ustedes sobre el estudio de la detección de mentiras son:

 

No existe la famosa “Nariz de Pinocho” que nos permita saber cuando alguien miente.

Son contadas las personas con la “suficiente malicia indígena” que puedan ser considerados detectores infalibles.

Desconozco estudios que hayan evaluado los resultados en la detección de mentiras, de la combinación de un entrenamiento en la detección “natural” de mentiras y la utilización de herramientas objetivas de medición de activación del SNA.

Existen grandes variaciones de persona a persona, que nos impiden crear un perfil generalizable y menos aun un manual de detección de mentiras por características corporales.

Es muy probable que nuestra generación no alcance a conocer el “Detector Ideal”, por lo cual debemos estimular los esfuerzos por conocer más sobre los que ya tenemos.

Necesitamos estudios que evalúen los resultados de la implementación de detección de mentiras en nuestra población y su impacto en los índices de criminalidad, inseguridad y terrorismo entre otros. Además seria muy útil evaluar otros indicadores indirectos de bienestar social derivado de la implementación de una cultura de la verdad.

Colombia más que cualquier otro país, necesita centros de investigación en el campo de la detección de mentiras. La investigación debe evaluar de forma separada y conjunta cada una de los procesos y técnicas actuales, así como promover el desarrollo de nuevas técnicas y tecnologías.

Con el fin de garantizar la tranquilidad y mejorar la ya creciente sensación de seguridad nacional y personal, es necesario impulsar la implementación no solo de sistemas de detección de mentiras, sino fortalecer otras formas de verificación de la información, como: análisis especializado de hojas de vida, consulta en bases de datos estatales y privadas, registros biométricos por huella o iris que eviten la suplantación y otras medidas que aseguren la integridad de las personas encargadas de proveer la seguridad privada a los Colombianos

 

Lecturas recomendadas:

 

Bond, C., et al. A world of deception. (unpublished manuscript—submitted to Journal of Cross-Cultural Psychology, but not yet accepted.)

Ekman, P., and M. O’Sullivan. 1991. Who can catch a liar? American Psychologist 46(September):913-920. Available athttp://www.paulekman.com/pdfs/who_can_catch_a_liar.pdf.

Mann, S., A. Vrij, and R. Bull. 2004. Detecting true lies: Police officers’ ability to detect suspects’ lies. Journal of Applied Psychology 89(February):137-149. Abstract.

Mann, S., A. Vrij, and R. Bull. 2002. Suspects, lies, and videotape: An analysis of authentic high-stake liars. Law and Human Behavior 26(June):365-376. Abstract available at http://dx.doi.org/10.1023/A:1015332606792.

Park, H.S., T.R. Levine, et al. 2002. How people really detect lies. Communication Monographs 69(June):144.

Vrij, A. In press. Why professionals fail to catch liars and how they can improve. Legal and Criminological Psychology.

Vrij, A., et al. 2004. Rapid Judgments in assessing verbal and nonverbal cues: Their potential for deception researchers and lie detection. Applied Cognitive Psychology18(April):283-296. Abstract available at http://www3.interscience.wiley.com/cgi-bin/abstract/107639963/ABSTRACT.

DePaulo, B.M., and W.L. Morris. In press. Discerning lies from truths: Behavioral cues to deception and the indirect pathway of intuition.

In Deception Detection in Forensic Contexts, Granhag, P.A., and L. Stromwall, eds. Cambridge: Cambridge University Press.

Ekman, P. 1997. Lying and deception. In Memory for Everyday and Emotional Events, Stein, N.L., P.A. Ornstein, B. Tversky, and C. Brainerd, eds. Mahway, New Jersey: Lawrence Erlbaum Associates. Available at http://wwwpaulekman.com/pdfs/lying_and_deception.pdf.

Ekman, P. 1996. Why don’t we catch liars? Social Research 63(Fall):801-807. Available at http://www.paulekman.com/pdfs/why_do_not_we_catch_liars.pdf.

Frank, M.G., and P. Ekman. 1997. The ability to detect deceit generalizes across different types of high-stake lies. Journal of Personality and Social Psychology72(June):1429-1439. Available at http://www.paulekman.com/pdfs/ability_to_detect_deceit.pdf.

Levine, T.R., and S.A. McCornack. 2001. Behavioral adaptation, confidence, and heuristic-based explanations of the probing effect. Human Communication Research27(October):471-502. Abstract available at http://hcr.oupjournals.org/cgi/content/abstract/27/4/471.

Levine, T.R., et al. 2000. Norms, expectations, and deception: A norm violation model of veracity judgment. Communication Monographs 67(June):123-137.

Levine, T.R., H.S. Park, and S.A. McCornack. 1999. Accuracy in detecting truths and lies: Documenting the “veracity effect.” Communication Monographs 66(June):125.

Vrij, A. In press. Guidelines to catch a liar. In Deception Detection in Forensic Contexts, Granhag, P.A., and L. Stromwall, eds. Cambridge: Cambridge University Press.

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